Nuevos propósitos y Riesgos, de Cristina Alarcón

En el momento de concretar nuestros deseos nuestra imaginación puede ser limitada y  nuestros miedos nos ocultan la verdad, la verdad de nuestros verdaderos anhelos. Así que, haciéndolo al contrario, podemos preguntarnos qué haríamos  si no tuviéramos miedo. El miedo es necesario y no estamos sugiriendo su descalificación sino que lanzamos una pregunta para inspirarnos a entrar en  territorios nuevos donde asumir nuevos  retos

En primer lugar, necesitamos descubrir qué es lo que realmente queremos, no lo que siempre hemos querido, no lo que se supone que tenemos que desear, no lo que los demás nos sugieren que deseemos, LO QUE VERDADERAMENTE QUEREMOS. La presión social a veces nos confunde y la publicidad también pero saber profundamente lo que deseamos es solo asunto nuestro y nuestra responsabilidad.

 

Algunos deseos desaparecen con el tiempo, otros insisten en pedir  nuestra atención y nuestro interés. Lo que verdaderamente queremos en la vida  es más profundo y duradero que algunos deseos basados en la fantasía. Cuando lo que queremos entraría en conflicto con nuestro presente o con nuestros vínculos y estabilidad, esos deseos también tienen menos probabilidades de  convertirse en proyectos conscientes.

 

Un lugar importante en todo esto lo ocupan nuestras creencias, nuestra ética, lo que sentimos que es correcto o adecuado. Podemos cuestionar lo que deberíamos hacer a la luz de lo que queremos hacer en un momento dado pero no podemos ignorar ni negar lo que es valioso para nosotros, lo que es válido a nuestros ojos, lo que pensamos sobre nosotros mismos cuando    nos permitimos cambiar algo en nuestras vidas que tambalea lo ya establecido por nosotros mismos.

 

En este tarea de asumir riesgos nuevos podemos necesitar mucha imaginación para ubicarnos en una situación diferente  a la conocida. Con la imaginación podemos estar en distintos lugares u ocupando distintos roles, adquiriendo distintos ropajes para distintas canciones, usando distintos aspectos de nosotros mismos para ver con detalle “cómo sería mi vida si yo cambiara esto”,  “con qué detalles veo más claramente ese aspecto de mí mismo que se desarrollaría con este cambio concreto”…? Juguemos como niños a imaginar cómo sería mi mundo si yo lo cambiara.

 

 

Aun así, será decisivo revisar el riesgo que podemos correr con el cambio que, aunque deseado, puede traer consecuencias que requieren un vistazo. Miremos detenidamente también a quién afecta lo que queremos hacer y cómo, abramos los ojos para no perdernos nada importante, tratando de prevenir y de reflexionar sobre lo que obtengo, lo que pierdo, lo que vale la pena.

 

Cuando sospechamos que la activación por un nuevo proyecto está en marcha desplegamos emociones que pueden ser intensas, eso las hace confusas e inquietantes, pero no siempre ponen en cuestión lo relevante del proyecto en sí. La incertidumbre, la tensión, la indecisión, la inseguridad pueden confundirse con el temor y a veces van unidos o mezclados. Nada interesante suele ser sencillo. Evolucionamos  a través de las experiencias enriquecedoras que una vez nos parecieron amenazadoras por el mero hecho de ser solo nuevas experiencias.

 

Antes de tomar decisiones relevantes puede ser oportuno tomarse un tiempo para sopesar tranquilamente no solo dicha decisión sino también las alternativas  posibles de preparación y ensayo. Revisemos algunos pasos intermedios del proceso, inventemos una forma de hacer una prueba que nos permita acercarnos a la nueva situación deseada sin quemar antes nuestras naves, acudamos a una sesión de natación  como tanteo antes de lanzarnos a la piscina.

 

Cuando estemos ya decididos, no cabe más que comprometernos con la vida y actuar, Para crear algo personal debemos implicarnos hasta el fondo y atrevernos, aun a sabiendas de que toda elección supone una renuncia y de que las aventuras son, por definición, imprevisibles.

 

Actuar es el último paso, usar tu fuerza y valentía en algo que vale la pena para tí es lo que queda para empezar. El riesgo es parte de la iniciativa y no se puede evitar, pero evitar la vida y sus riesgos es aun peor. Si el ánimo depresivo es la epidemia del futuro, vacunémonos, lancémonos a cambiar nuestras cosas si es cambiar lo que realmente queremos y lo que realmente necesitamos.

 

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