«Mirar Juntos II», de Rosa Martínez

Uno de los aspectos que definen la terapia gestalt, es la importancia de resolver los asuntos inconclusos. En ocasiones lo que puede estar interfiriendo y dificultando el fluir natural en la relación, puede tener que ver con acontecimientos de nuestra vida anterior a la pareja, nuestra relación con la familia de origen y mas concretamente con nuestros padres, hermanos o personas con los que hayamos mantenido una relación especial. Este sentido de pertenencia que nos vincula  a ellos, puede reactivar cualquier conflicto no resuelto, y de este modo influir y condicionar nuevas relaciones que creemos a lo largo de nuestra vida; y por tanto también,  perturbar nuestra disposición para vivir y tomar el bienestar que nos proporcione la pareja actual.

Sentirnos reconciliados con los nuestros es una especie de requisito previo que nos proporciona la serenidad, la alegría y la fuerza que nos impulsa y facilita nuestra plena disposición para la pareja. Reconciliarnos no significa necesariamente llevarnos bien, lamentablemente no siempre es posible esta opción, me refiero mas bien al hecho de aceptar lo sucedido, renunciando al anhelo infantil de que sea de otro modo,  ubicarnos en ese punto en que podemos mirar y abrazar lo que fue, asintiendo a lo que es, tomando lo ofrecido y renunciando a lo que no es posible por mucho que lo deseemos o necesitemos. Cerrar la herida, sanar la herida hasta donde sea posible ser sanada.

En otras ocasiones, en cambio, los asuntos inconclusos pueden suponer el “soltar” (entendido como movimiento de desprendimiento emocional). Soltar alguna relación anterior de pareja que todavía dificulta la apertura plena y la entrega a una nueva relación conyugal. Y quizás sea necesario dedicar un tiempo a averiguar aquello que no fue expresado, que necesitemos volver a mirar y reentender algo de la otra persona o de nosotros mismos, que podamos comprender, perdonar, aprender, para finalmente poder cerrar y reconciliarnos con esa persona hasta donde nos sea también posible.

A veces, en terapia de pareja puede emerger un asunto inconcluso para alguno de los miembros de la pareja. Y puede ser entonces, un buen momento para que la persona se tome un espacio para tratar este tema de manera individual, o bien ser abordado en presencia de la pareja actual si  ambos lo desean. 

Porque solo nuestra compresión y compasión al contemplar la herida de nuestra pareja, abrirá el camino para una posible sanación.

Si hay algo importante en toda relación de pareja es la necesidad que todos tenemos de presencia emocional, es decir, de sentir al otro cerca, sobre todo en los momentos difíciles. Y hay ocasiones en las que no sucede, por diferentes y variados motivos, bien porque la otra persona no está disponible y su energía está ocupada en recuperarse de un duelo doloroso, de atender otras ocupaciones como el trabajo, el cuidado a los hijos, personas mayores…, o porque simplemente no se da cuenta de la necesidad de su pareja. Cuando esto es así, se va a producir una herida que acabará provocando un distanciamiento emocional y finalmente aparecerán los conflictos en la comunicación.

Este es uno de los temas en que la terapia puede acompañar a la pareja en su proceso de reencuentro. El recuperar y desarrollar la capacidad mutua de ofrecerse la inestimable presencia emocional que nos permita transitar por momentos de dificultad.

Y cuando finalmente, las parejas consiguen mirarse y mirar juntos, aparece siempre el mismo anhelo, la misma necesidad, fuera el que fuese el conflicto que les trajera a terapia, ambos coinciden en su deseo hacia el otro:

«Deseo que me abraces, que me toques

y me digas que te importo.

Mi deseo es que estés a mi lado.

Es todo cuanto necesito».

Saber estar presente para el otro, sin agobiar ni pretender que nos de lo que no puede ofrecernos. Ofreciendo lo suficiente como para que el otro nos sienta presentes. Ese equilibrio entre dar y recibir desde una presencia muchas veces silenciosa, junto al saber escuchar y pedir, expresar lo que siento y necesito y escuchar lo que tu sientes y necesitas, son claves imprescindibles en cualquier relación.Esto que quizás pueda parecernos sencillo o difícil de conseguir, es la llave para una estable, nutritiva y enriquecedora relación de pareja.

En ocasiones, nos encontramos que pueden ser abordados en la terapia en pareja es el de facilitar a los cónyuges la manera de recuperar lo perdido en el camino. Lo que les unió y que olvidaron o desatendieron en algún momento del recorrido; debido quizás a los múltiples quehaceres que van surgiendo en la convivencia y que no siempre es fácil conciliar como la dedicación a los hijos, tratar de seguir siendo eficaces y resolutivos trabajadores, atender las ocupaciones propias de las ingratas tareas domesticas, atender a familiares que requieran atención o cuidado, mantener los espacios con los amigos…, y los mil y un aconteceres que surgen en el día a día. Recuperar lo perdido para cada pareja tendrá un significado diferente, pero en cualquier caso estará relacionado con aquello que se ha dejado de hacer y disfrutar, bien individualmente o en pareja.

En este sentido es interesante contemplar en la terapia  como la pareja maneja los espacios compartidos y los no compartidos, ya sean vividos en soledad o con otras personas, amigos o compañeros de aficiones por ejemplo. Muchas veces no resulta fácil compaginar un espacio personal de salud, de placer, de vida, con un espacio común en la pareja, sin invadir el espacio del otro ni dejarse invadir. Desde el sentido de libertad que todo ser humano necesita para decidir que hacer en su vida, que le llena y satisface, podrá elegir aquello que desee llevar a cabo, al tiempo que se ha de encontrar el modo de compatibilizar con el espacio compartido en pareja que nutra la relación. Encontrar el punto de equilibrio es otro de los retos de aprendizaje que la vida en pareja nos proporciona.

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