«Espiritualidad con los pies en la tierra» de Francisco Huertas.

Durante muchos años, incluso siglos, las religiones han satisfecho en la mayoría de las personas la necesidad de trascender, de ir más allá de uno mismo, de espiritualidad, de ahí que con frecuencia se confunda espiritualidad con religión. La religión necesita de la espiritualidad y puede y debe ser fuente de espiritualidad, pero esta va mucho más allá de la religión. Esto podemos entenderlo mejor a partir de los estudios sobre las inteligencias múltiples, sobre todo sobre la inteligencia espiritual y la definición que de ella da Howard Gardner como la “capacidad para situarse a sí mismo con respecto al cosmos, como la capacidad de situarse a sí mismo con respecto a los rasgos existenciales de la condición humana como el significado de la vida, el significado de la muerte y el destino final del mundo físico y psicológico en profundas experiencias como el amor a otra persona o la inmersión en un trabajo de arte”.

Escribe F. Torralba: “Cuando uno toma consciencia del hecho de estar vivo, de gozar de la inmensa posibilidad de existir, vive con más intensidad todos sus vínculos y todo lo que experimenta a lo largo de una jornada. La espiritualidad nos faculta para gozar plenamente de todos los instantes, de cada experiencia, de cada abrazo, de cada olor, de todo cuando nos sucede.

Permite acceder a los significados profundos, plantearnos los fines de la existencia y las más altas motivaciones de ésta. A través de la espiritualidad nos enfrentamos a las cuestiones de la existencia y buscamos respuestas creíbles. Está especialmente desarrollada en los filósofos, en los artistas, en los científicos, pero está presente en toda persona que se abra a tal tipo de cuestiones. Nos da el poder para transcender el mundo físico y cotidiano, para tener una percepción más elevada de uno mismo y del mundo circundante. Nos capacita para solucionar problemas de la vida y para comportarnos de un modo virtuoso, para asumir las responsabilidades de la vida”.

Desde este concepto de espiritualidad, ¿puede un ateo o un agnóstico ser alguien espiritual, puede cultivar esta dimensión? Por supuesto que sí, más aún, es necesario que trabaje esta dimensión, pues de lo contrario tendrá una laguna personal importante y las consecuencias de esta laguna van desde la agresividad o la depresión, hasta el suicidio.

Es en esta dimensión en la que reside el “¿PARA QUÉ?” de nuestra existencia. En esta dimensión residen los valores sobre los que se asienta la vida de la persona. En esta dimensión es donde encontramos un sentido a nuestra vida.

Según V. FRANK, la depresión y el suicidio, las adicciones, la destructividad y la trivialización del sexo son los efectos catastróficos por la carencia de sentido en la vida. Avon Forstmeyer, demostró que en el 90% de los alcohólicos crónicos atendidos por ella existía un acentuado vacío existencial. Plak y Gregson demostraron con sus estudios que «Es en definitiva, la frustración existencial y el cada vez más frecuente vacío existencial lo que fomenta la agresividad, si es que no son su fundamento primero».

En una entrevista realizada a V. Frankl en España, un periodista le pregunta: “¿Qué es lo que hoy día está más dañado en la persona?”, y él contesta: “Su parte espiritual; la persona ha perdido el “sentido de la trascendencia” porque le han engañado con el materialismo. En mis clases, entre los estudiantes, un 40% de alemanes, suizos y austríacos, confesaron haber experimentado en sí mismos la angustia total de una falta de sentido en la vida. Entre los americanos, la cifra se elevaba al 81%. La conclusión es que esta enfermedad de la falta de rumbo, del hastío, ataca a las sociedades más industrializadas, a gente con una vida fácil en apariencia y produce el aburrimiento y la neurosis”.

En este sentido, Martin Buber viene a advertir: «en nuestra sociedad crece peligrosamente una lamentable desproporción entre el crecimiento técnico y el crecimiento espiritual. Es necesario también estimular el crecimiento humano espiritual para que la humanidad sea plenamente humana».

Los avances tecnológicos, todo el mundo de internet, etc…. tienen su importancia y es innegable que nos han hecho la vida más fácil, pero ¿no resulta llamativo que en una sociedad en la que tenemos más medios que nunca para comunicarnos, la gente se sienta cada vez más sola? La primera vez que escuché en una conferencia a Vicente Cuevas, dijo esta frase que se me quedó grabada: “Internet a mí no me interesa porque no tiene corazón”.

Sin la dimensión espiritual nuestro corazón se atrofia y pierde la capacidad para mirar y mirarnos, para amarnos y para amar, para gozar de la vida, de los encuentros; para ser felices y hacer felices a los que nos rodean.

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